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Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y San Juan Evangelista

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Los Apóstoles eran unos personajes típicos de la semana santa lojeña, que desgraciadamente han desaparecido de esta desde hace varios años.

Se vestían con trajes que semejaban los propios de la época, llevando túnica morada, peluca de estopa, alpargatas moradas y cubrían sus caras con unos rostrillos donde llevaban escrito el nombre de cada uno de ellos. Portaban, además, los martirios propios de cada apóstol.

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Estos rostrillos aún se conservan, siendo algunos de ellos auténticas obras de arte y constituyen un verdadero tesoro de la iconografía propia de la semana santa lojeña. Están realizados en cobre policromado, y podemos situar su factura al principio de la segunda mitad del siglo XIX.

Como curiosidad hay que resaltar que el rostrillo de Judas Iscariote fue sustituido por el de San Matías.

El acto más importante que realizaban era el del lavatorio. Este era un acto litúrgico que se celebraba el jueves santo. Era ésta una ceremonia llevada a cabo en recuerdo del Evangelio de San Juan en el que Jesús lava los pies a los discípulos. Se realizaba en la iglesia mayor por parte del arcipreste y en las personas que representaban a los apóstoles.

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El lavatorio no tenía un horario fijo de celebración, pero aproximadamente se celebraba a las tres de la tarde. Los Apóstoles se presentaban en la casa del presidente de la Hermandad de Jesús Nazareno, y desde allí, se dirigían a la iglesia mayor junto a una representación de dicha hermandad, que solía ser su junta directiva.

Una vez llegaba la comitiva a la iglesia mayor, los Apóstoles se sentaban en su aprisco al pie del presbiterio, rodeados de la chiquillería. Entonces se presentaba el arcipreste con el lienzo ceñido y sendos monaguillos con jofaina y jarro de plata, a una palmada de San Pedro, los apóstoles se descalzaban la alpargata del pie derecho y comenzaba el lavatorio. San Pedro se resiste hasta que oye la sentencia: Si no te lavo, no tienes parte conmigo.

Otra palmada de San Pedro devuelve las alpargatas a sus pies y, lo mismo que al llegar, acompañados por los hermanos mayores de la hermandad de Jesús Nazareno, y la escandalosa chiquillería, caminaban los doce, lentamente, junto con los Armados y el Tío Puche Puche, a la capilla de la Sangre.

Desde dicha capilla salían en el desfile procesional del jueves santo. Al día siguiente lo hacían en el del viernes santo por la mañana. Por la noche no salían en el entierro de Cristo.

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En las constituciones de la Hermandad de Jesús Nazareno, que se aprobaron el día 24 de junio de 1918, nos encontramos las reglas por las que se regía el Apostolado, las cuales están especificadas en los artículos que van del 28 al 32, ambos incluidos.

Realmente, la recuperación del Apostolado y del Lavatorio para la semana santa lojeña es una obligación por parte de la Hermandad de Jesús Nazareno.

 

 

 

 

 

Juan Pérez Jiménez

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